De la sociedad disciplinaria a la sociedad del rendimiento

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«La sociedad del Siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento” Byung-Chul Han.

El filósofo francés Michel Foucault (1926-1984) en su obra Vigilar y Castigar en 1975 se ocupa de reflexionar sobre la forma en que la sociedad moderna ordena y controla a los individuos para sus fines. Un ejemplo de ello sería el entrenamiento básico que disciplina y prepara a una persona para ser un militar.

El caso es que el filósofo galo describe a una sociedad disciplinaria que consta de una serie de herramientas tales como: hospitales, centros psiquiátricos, cárceles, cuarteles y fábricas, que funcionan como instrumentos al servicio del poder para dosificar al sujeto.

La sociedad disciplinaria que describe Foucault en su obra es una sociedad que se apodera del sujeto y lo transforma, lo determina y lo toma para sí. Lo convierte en un ser completamente dócil con el que hace lo que quiere. Hoy, en pleno Siglo XXI, no estamos tan lejos de ello, de una sociedad que, aunque ha cambiado ciertos patrones sigue transformando el sujeto en algo que realmente en esencia no es.

La sociedad del Siglo XXI como lo expone el filosofo surcoreano y nacionalizado en Alemania Byung-Chul Han en su obra La Sociedad del Cansancio 2017 ya no es disciplinaria sino una sociedad de rendimiento. Tampoco sus habitantes se llaman sujetos de obediencia como en la sociedad disciplinaria, sino sujetos de rendimiento. Estos sujetos son emprendedores de sí mismos.

El sujeto de esta sociedad es un sujeto que en algunos casos no esta sometido a un patrón, a un jefe, o a una fabrica directamente sino que lo está asimismo. Trabajaba para sí, se auto explota. En palabras del propio Han podemos entender que la sociedad de rendimiento se caracteriza por el verbo modal positivo poder (können) que traduce sin límites. Su plural afirmativo y colectivo Yes, We can que traduce “Sí, Yo puedo” expresa precisamente su carácter de positividad.

El sujeto de rendimiento es un sujeto que no tiene limites, que se mide así mismo como un ente progresivo que siempre quiere ganar, en él no puede existir el fracaso; de allí a que el sujeto de esta sociedad trabaja incansablemente para llegar a ser quien debe ser, un ganador, un triunfador, pero jamás un fracasado. Trabaja incansablemente, más de ocho horas diarias si es necesario, de lunes a domingos y festivos, como coloquialmente se le conoce de sol a sol. No tiene vacaciones, siempre está sometido a sus propias exigencias.

Actualmente, con el fin de aumentar la productividad se sustituye el paradigma disciplinario por el de rendimiento, por el esquema positivo del poder hacer. En la sociedad del rendimiento podemos observar que el exceso de trabajo se agudiza y se convierte en auto explotación. Esa auto explotación no se ve a simple vista, pues el sujeto auto explotado en realidad figura como un emprendedor que se está realizando asimismo. Ya no hay una fábrica, una cárcel, una clínica o un capataz que le órdenes y lo explote como ocurría a menudo en las grandes fabricas de la Revolución Industrial de los Siglo XIX y XX, hoy el sujeto se auto explota, es su propio jefe, su dueño y su señor. Dispone del tiempo que quiere y trabaja sin parar, ello con el fin de alcanzar lo que anhela.

La idea central de la sociedad del rendimiento es construir sujetos de rendimiento, que produzcan y no paren por nada del mundo. Sujetos sumisos al capitalismo, al neoliberalismo, a la producción. El sujeto actual es un ser esclavizado a rendir, sometido una pseudo libertad que en cierto sentido lo coacciona y le prohíbe.

Y así es, pues vivimos una fase histórica especial en la que la libertad misma da lugar a coacciones. La libertad del poder hacer genera incluso más coacciones que el disciplinario deber. El transito de la sociedad disciplinaria a la sociedad del rendimiento es la nueva tendencia, el nuevo orden mundial, el nuevo estilo de vida, donde el sujeto se cree libre pero en realidad en un ser encadenado. Un ser destinado al auto explotación.

Actualmente, podemos conocer personas que se hacen llamar emprendedores, dueños de sus propios negocios. Estos personajes son seres que se sienten satisfechos por el lugar que ocupan y gozan en la sociedad. Económicamente están bien, socialmente son admirados pero, ¿a qué precio? El precio no importa, lo que realmente importa es ser unos triunfadores, así figuran.

El sujeto de rendimiento muestra una faceta eficaz “yo soy mi propio jefe”. Es emocionante escuchar esas palabras tan inspiradoras, generadoras de auto estima y mucha apreciación en este mundo desequilibrado por el consumo y la explotación laboral. Lo que realmente muestra lleva oculta esta frase es que en ese yo soy mi propio jefe hay un sujeto de rendimiento.


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